jueves, 28 de diciembre de 2006

Quise dibujar mi cara la otra noche...


Quise dibujar mi cara la otra noche y descubrí que necesito un espejo.
Había perdido el recuerdo de mi propia imagen, de mi propio ser. Me sentí vacío (esto lo vengo sintiendo desde la noche antes de navidad), perdido, como si de pronto todo lo que soy (o era) (o creía ser) (o quería ser) (o pretendía ser) había desaparecido dejando una incómoda y extraña sensación. Recordé que años atrás había hecho muchos autorretratos en mis clases de dibujo o en las de pintura, en mis ratos libres, o como ejercicio de añadirle peso al ego, como excusa para pasar el rato observándome, construyendo línea a línea trazo a trazo lo que soy (o era) (o creía ser) (o quería ser) (o pretendía ser). Quise dibujar mi cara la otra noche pero recordé la mañana rutinaria, la escena donde me miraba al espejo no había sido seccionada ni editada por mi mente, antes de verme reflejado veía el techo, el celular y su fastidiosa (y oportuna) alarma, escena de sombras, todo borroso y luego por fin mi imagen; ahí estaba yo: despeinado, con ojeras, ojos rojos, saliva seca y sin ganas de seguir despierto, no me estaba mirando hacia dentro (ni a través), sólo repasaba en la envoltura, que todo quede perfecto para poder ir a trabajar; el peinado, los pocos pelos que me crecen de barba, el acné que siempre vuelve, los dientes limpios y al final una sonrisa. Quise dibujar mi cara la otra noche pero recordé nuevamente la escena, sólo cambiaban unos cuantos granos más (o menos), las marcas de los pliegues de la sábana y la almohada, pero esta vez los ojos querían decirme algo.
En este momento olvidé quien era (o quien soy) (o creí ser) (o quise ser) (o pretendí ser) y me centré en descubrir qué trataba de comunicarme esa mirada sospechosa y cómplice, el ánimo cambió, el pequeño brillo de la pupila creció y supe que se me había concedido lo que había pedido noches atrás (lo que había perdido noches atrás), un poco de tranquilidad luego de la culpa de saberme estúpido y nocivo.
Quise dibujarme la otra noche pero preferí comer unos panes con mermelada y beber un tazón de leche con chocolate. Apagué la luz y apurado quise soñar quien soy o quien seré (ya nunca más con quien quise ser o quién pretendí ser).

1 comentario:

Anónimo dijo...

gracias por el link..
ya te linkie de vuelta