Todo está en movimiento, soy un experto en nada.

Si de algo estoi seguro, hoy, vividos ya algunos días con 28 a cuestas, es que muy poco podemos controlar.
Control no es una buena palabra.
Si me preguntan, como palabra, prefiero: equilibrio.
Si en la balanza lo turro se apiña por un lado, pues fácil, pones del tuyo extraesfuerzo, extraganas y compensas. Lo que pase mientras, acúñalo como vida.
No sé si desear cosas sea lo indicado, creo que esto de hacerse mapas mentales y proyectarse no está bien, es mejor ir sobre la marcha haciendo tus asuntos y evitar sentirse derrotado cuando no los logras, es como llevarse mejor con los que se autoayudan, o con los hombres de fe.
Estos días por alguna extraña razón me he estado preguntando, mas bien sincerándome, si de verdad creo en dios. Si a veces no es postura, si no es tratar de picársela de interesante.
Creo que existe, pero que tal vez no sirva para nada. Me basta con que cuide a quiénes quiero, pero cuyo cuidado ya no depende ni siquiera en lo más mínimo de algo que yo haga.
Si nosotros somos a imagen y semejanza de él, quien quita que (vía mitología de la Biblia, obviamente) él y su hijo, pese a las promesas, visiones, predicciones, y "lo escrito", hayan quedado sumamente afectados por esto de la crucifixión, no lo hayan podido superar y por milenios se hayan debatido entre borrarnos de un suspiro, o dejarnos a nuestra suerte.
No estoi seguro de confiar en ellos, prefiero confiar en mí y los míos.
(Este tag de "automatismos" debería reemplazarlo por "reflexiones cojudas").

















