lunes, 28 de enero de 2008

Lo importante


Son las 10h33 de un lunes, uno de los días más ficticios que se puede vivir en este itinerario semanal/mensual/anual que es la vida.

Que necesitaba una rutina alguna vez me mentí.


Con Carolina, mi esposa, hemos adquirido una rara costumbre: la de arrastrar una cama alterna (entiéndase colchón + sábanas) a varias habitaciones del departamento que alquilamos acá en Manta, a veces en el cuarto rosa y lila de Valeria, a veces en el oscuro cuarto de visitas, a veces en la sala, justo en el medio, y me parece de lo más normal.


Para descansar, las cuatro paredes de un dormitorio máster (cómo le dice la dueña-de-casa) no nos son siempre suficientes. Puede ser el "disfrutar la madrugada" y el ruido de la lluvia (que ya extrañaba) cayendo en el balcón y luego en la calle que me motiva el más profundo sueño, y abro los ojos, y a mi lado me sonríe ella, y conversamos un poco y dormimos, y conversamos en sueños mientras dormimos.

La alarma hoy no sobresaltó a nadie, bueno y a quién sobresalta un suceso que ya sabes que va a ocurrir. A nadie. Aunque sea algo molestoso uno termina acostumbrándose a todo. A lo predeterminado, a lo programado, a lo mecánico, a lo automático.

Esto de estar casado a veces es muy cruel, a mi parecer, se está en la obligación de dejar la casa, y a los que comparten su vida contigo, solo por la intranquilizante obligación de ganar dinero, ¿para pasar tranquilo los fines de semana?. Y es aquí cuando todo empieza a tomar sentido, o a perderlo. ¿Porqué?, porque pasas a ser alguien que no está, no por decisión, pero no estás cuando tal vez te necesitan ahí en la mañana para conversar, y no estás.
Depositas tu fé en la humanidad, bueno, en la humanidad que se inventó los dispositivos-para-transmitir-pensamientos (entiéndase celulares y mensajes de texto), en la humanidad que provee de contenido audiovisual a la tv, en la humanidad que provee de contenido a la web, en la humanidad que hace muchos años atrás celebró transmitir la voz a través de un cable y luego por el etéreo aire.


Hemos avanzado mucho, y a la vez nada. Todo es tan incoloro, tan sin sentido, y es cuando detesto a quienes viven sus días laborales con felicidad. Simplemente hay que ser unas manos para manejar un mouse y una porción de lógica para realizar repetitivas y sencillas tareas, contando los días para las quincenas y los fines de mes. Si eres feliz con eso, no mereces el cielo.

Y aún así existen quienes me reprochan el quemeimportismo por la política o por la situación del país, pues sí me interesa, pero hay cosas que interesan más.

Hoy Carolina, quien no está acostumbrada a este so called automatismo, en la mañana me dijo que se sentía preocupada por eso de despertarse sobresaltada, como si el sueño y las noches no lograsen hacer dormir a los pensamientos (en mi traducción claro está) y más allá de eso, sé que ella me necesita a su lado a cada momento, así como yo a ella, pero no: hay que disfrazarse e ir a ser productivo.


Todo esto es impuesto, ni la fe en los artilugios tecnológicos, ni el escape-dos-punto-cero reemplaza una motivamente jornada en casa, no lineal, viva, con alegrías y disgustos, planificando que hacer con la vida, inventando historias chistosas para nuestra hija.


Llueve en Manta, y eso me agrada, porque con el agua constante cayendo del cielo se le borra el maquillaje mostrando el pueblo con ínfulas que es, lo cual es bueno, porque no hay nada como lo auténtico.

Me creerían que todo esto surgió con la sensación cálida (y en el fondo húmeda) de unas medias (calcetines) secadas con la plancha a las 06h45. Así son estos días, y ya me siento un poco mejor. Aunque me sigue molestando el hecho de que me paguen un sueldo por dejar a mi familia sola en casa. Voy a depositar mi fe en la humanidad escribiéndole un mensaje de texto...

2 comentarios:

Ludovico dijo...

compadre, mantenga la fé... al menos esperemos el apocalipsis, tan esperado y socorrido, de la mejor manera posible

Carlos Julio dijo...

Simón compadre, hay que disfrazarse al menos hasta tener el billuso para nuestros proyectos personales.

Ahora, no confíes mucho en la "humanidad" porque todos (aunque unas cuantas con muy pocas) son marionetas que se dejan llevar por egoísmos y sonrisas pre-fabricadas cotidianamente.

Aunque yo he visto por ahí que hay gente feliz siendo auténtica.

Lo bueno es tener convicciones.

Saludos cordiales.

Carlos Julio